Ir a la página inicial Alejandro Eduardo Jáuregui (Gurí)


Alejandro Jáuregui en La Casa de los Mejía Godoy, Managua, Nicaragua, abril de 2003. Foto Wilmor López   Nací el 22 de Enero de 1946 en la Capital Federal, Argentina. Trataré de enumerar sólo algunas casualidades que dieron un perfil a mi vida: Gurí, porteño, acuariano, platense, futbolista, cantor.

   A los pocos días de mi nacimiento, el primer amigo de mis padres que me ve en la cuna es un uruguayo que dice: —¡qué lindo el gurisito!
Me quedó Gurí para toda la vida, si hubiera sido un venezolano me hubiesen llamado "carajillo" Jáuregui. 

   Mi Padre Don Helen Armando Jáuregui (10/02/11) andaba por varias ciudades de la Pcia de Bs. As, vendiendo libros y organizando un movimiento social que devolviera la dignidad a los argentinos, mansillada por constantes golpes de estado. Mientras tanto, Doña Evelinda Argentina Vila Platero, mi madre, (31/01/12) me tenía en el Hospital Rivadavia, a una cuadra de la casa de mis tías-abuelas, en Las Heras 2990. Tías que ponían velas a los santos conocidos y por conocer para que todo siguiera igual, pero recuperando sus tierras: una estancia considerable en Dudignac, Partido de 9 de Julio, a 300 kms de Bs As. lugar en que los indios coliqueos bautizaron "Platero" a los Alvarez, llegados a la zona en 1856 -de allí el apellido, por trabajar la plata. Fueron perdiendo sus tierras y se mudaron a La Capital. Gente noble y de trabajo.

Acuariano.
   Hijo de acuarianos. Plena era de acuario. Estoy seguro, como buenos acuarianos, que me anotaron tarde.

   Mi niñez y adolescencia transcurrió - como he contado - cerca de Barrio Norte y luego, en el gran Buenos Aires: Remedios De Escalada, Quilmes, Villa Elisa... Y, como mochilero, recorriendo gran parte del país.

   Cuando me casé, "volví" a La Plata, a la ciudad, de donde eran los Jáuregui, allí nacieron mis dos hijos: Germán Ariel y Bárbara que engrosaron una familia enorme y unida. Todos vascos honrados, con multitud de títulos académicos y un lugar especial en el codo de la cancha de Estudiantes, en 55 y 115.

   Después de varios años, me encontré para siempre con el amor de Gloria Lopresti, volví a La Capital y viví, no podía ser de otra manera, en Av. La Plata. A pesar de esto, los Jáuregui jamás tuvimos que ver con la plata.

   Argentina viene de Argentun que quiere decir Plata en latín. Los habitantes de este suelo somos argentinos por que los españoles determinaron que este era el camino a La Plata, el metal precioso que estaba en el Alto Perú y la cuenca del Rio deLa plata era el camino hacia ella, pero los argentinos jamás tuvimos plata. Solo nos quedó el nombre.


   Debía ser político. Estaba escrito.
Estaba escrito en el Diario de mi Padre; alguna vez pensé ser maestro, por mi Abuelo, Juan Francisco Jáuregui, con 66 años en la docencia, cuyo padre, mi bisabuelo un vasco alambrador que se afincó por la zona de Marcos Paz, en la línea de las primeras ciudades en 1852. Por mi primo Uriel, soñé con ser Arquitecto, por ello estudié 12 años en La Escuela Superior de Bellas Artes.

   Desde siempre jugué al fútbol, en los barrios, en la escuela, en el secundario y llegué hasta la séptima división en el Club Estudiantes. Fui compañero de "Cuza" Orife y el fallecido Eduardo Cremasco. Años más tarde hice la "colimba" con el Flaco Poletti.
Una perlita imborrable de la redonda ocurrió en marzo de 1963, recién cumplidos mis 18. Organicé en la Ciudad de Ensenada un Torneo de Fútbol en solidaridad con los obreros despedidos de los Astilleros. Participaron más de 150 equipos de 11 jugadores cada uno. Era por eliminación, y duraba dos días. Lo recaudado por inscripción iba para los despedidos. Entre los que jugaban y los que miraban hicimos un ruido bárbaro. A la tardecita nos cayó la Policía y se llevaron a los tres tipos que estaban con las planillas, como prueba de agitación política. Me comí tres meses preso en la Comisaría de Ensenada. Perdí el año en el secundario.

   A partir de ese traspié cambiaron mis posibilidades en relación al estudio. Fui vendedor de seguros, de libros y mercaderías de almacén, pero mi verdadera vocación seguía siendo el canto, porque me acompañaba siempre.
   Muchas veces pensé que la profesión de cantor fue inventada en este país entre bohemios y marginales y que ha tenido un desarrollo enorme en relación a su ubicación como fenómeno cultural en nuestra sociedad. Yo -no podía ser de otra manera- "toco de oído".
   Alguna vez, en casa, me subían a un banquito a cantar el tango Esta noche me emborracho y con mi vocecita ronca y mis 5 años arranqué mis primeros aplausos. Aprendí los tres tonos de la guitarra con que llegué a cantar las 40 zambas que "sonaron" en el secundario, las peñas, las guitarreadas y el servicio militar; pero las veladas más sentidas se daban con los amigos, después del asado y el vino, en la casa de mis padres.
Cantábamos mil veces, todos juntos, La López Pereira, Zamba de mi esperanza, Guitarra de medianoche... allí sentí, por primera vez -luego lo comprobaría en el Festival de Cosquín- cuánta fuerza tenía todo aquello.

   En la Escuela Superior de Bellas Artes, de la Ciudad de La Plata, cursé varios años y después seguía yendo porque habíamos ayudado a fundar el Coro en el que cantaban todos mis amigos.
Con 10 de ellos formamos Los Quiaqueños un conjunto vocal que cantaba todo al unísono. A veces éramos 6 ó 4 ó los 10 y actuábamos en todas las fiestas de Bellas Artes, en donde compartíamos escenario con Favero, Pinchesky, Pipo Pescador y otros , y recorríamos los demás colegios de La Plata. Como cantábamos todos temas conocidos la rompíamos siempre. Teníamos barra y admiradoras.
   Todo fue levemente normal hasta el día que decidimos participar en el certamen Guitarreada Crush. Allí concursaban solistas y grupos folklóricos y los ganadores irían luego a televisión al programa que conducía Antonio Carrizo.
   El evento se realizó en el club Estudiantes de La Plata y estaba repleto. La hinchada numerosa estaba con nosotros y alguien de Bellas Artes había hablado con Carrizo para que nos presentara a nosotros primero. Se eliminaban de a dos concursantes...
   Nos ganó por ovación en primera vuelta un trío de mujeres de la ciudad de Berisso.
   ¿Qué había ocurrido ?
   Unos meses antes habíamos entablado relación con Grillo Frontini, un tremendo "galán", mayor que nosotros, que estudiaba cine en Bellas Artes, tocaba el piano, guitarra y todas las "minas" que conociera -años mas tarde apareció en la guerrilla en Orán y por eso se comió una parva de años en la cárcel. Grillo era un distinto, y nos había enseñado a cantar a voces, es decir que cada uno -dentro de su registro- cantara una línea musical diferente para componer una armonía.
Entonces montamos Recuerdos del Valle a 4 voces y nos creíamos Gardel y Le Pera juntos.
Esta fue la canción que elegimos para concursar. No vinieron todos los que tenían que cantar y para colmo nos pusimos nerviosos y nos olvidamos las voces. ¡Cómo no íbamos a perder!
A partir de allí, con el "quiaqueño" Eduardo Molina, a quien conocía desde los 12 años, decidimos tomar una decisión drástica: elegir 4 ó 5 integrantes entre los más de 10 que éramos por entonces, pues se habían sumado también los Hnos Masi. Para ello, invitaríamos a un ensayo a un músico prestigioso y querido por todos en la ciudad de La Plata: Jorge Cumbo.

   Una semana después me cruzo de casualidad en la Plaza de 1 y 38, con el. No lo conocía. Le pido disculpas por haberlo parado y le comento nuestra preocupación. Me escucha y no deja de mirarme, como si él me conociera a mí. Le doy el número de teléfono y acordamos que llamará en unos días. Antes de irse, finalmente, se saca la duda:
–¿Vos vas al codo de 55 y 115, a la cancha de Estudiantes, con una bandera y gritás como un marrano?
– Sí.
–¡Idolo !


   Al encuentro de ese maestro y ese ídolo siguió la semana siguiente la selección de voces para el grupo que mas tarde nombraríamos Quinteto Vocal Tiempo: Sarita Masi, Miguel Coloma, Guillermo Masi, Eduardo Molina y Alejandro Jáuregui. Ocurrió en la casa de Mauro Masi en 1966.
Los primeros cinco arreglos vocales que integraron nuestro repertorio pertenecen a Jorge Cumbo: El Tío Pedro, del Chango Rodriguez, Tonada a Manuel Rodríguez, de Pablo Neruda, Rumor de Mar, de Tiano Araoz, Dale tu mano al Indio, de Daniel Viglietti y La Desafinada, del propio Jorge.
Con los años, el grupo tuvo otros integrantes, arregladores, representantes, casas, proyectos, etc. Una cosa habíamos aprendido en aquel momento: comenzábamos a tomar en serio esta nueva profesión.

   El quinteto me acercó a la gente, me achicó el mundo, me agrandó el corazón.
En mi vida, todo lo demás ha girado en torno a este proyecto artístico.

Alejandro Jáuregui
alejandro@quintetotiempo.com.ar