Ir a la página inicial Eduardo Molina


Eduardo Molina en La Casa de los Mejía Godoy, Managua, Nicaragua, abril de 2003. Foto Wilmor López   Nací en un pueblo del interior, a casi 300 Km de Buenos Aires: Los Toldos, un pequeño pueblo como hay tantos desparramados por toda la geografía de éste país y seguramente por todos los mapas del mundo, pero, para mí, único e insustituible.
   Tal vez porque fue allí donde recalaron, hace ya muchos, muchos años, mis bisabuelos vascos a levantar un almacén ("La azotea") para comerciar con la tribu del Cacique Coliqueo, los únicos habitantes de aquellas lejanías por aquel entonces.
   O porque mi otro abuelo se mudó al incipiente pueblo años después acompañando a su hermana Manuela, la primera maestra de esos parajes, y fundó tiempo después el primer periódico del lugar.
   Los Toldos llenó mi infancia de maravillas: los caballos, las tardes en la pileta del Club, el malambo en las fiestas escolares, los bailes con orquesta en "El Prado Español", los corsos, la radio y todos alrededor de ella escuchando el "Glostora Tango Club", los amores imposibles, la vuelta'l perro, la llegada del Circo, las fiestas de fin de año con mis primos y tíos en el campo, el paseo a la Estación para ver quién llegaba, mi vieja bailando el Pericón Nacional vestida de paisana.¡Tantos recuerdos!
Y las interminables noches de serenata con bailes en la calle y las largas mesas esperando a los cantores.
   Luego vino la ciudad de La Plata y allí los amigos entrañables que aún vienen conmigo, y las asambleas de estudiantes, alguna novia, y los viajes "a dedo", el barrio, descubrir la música contándome el paisaje "con el hombre adentro", Tejada Gómez y el Nuevo Cancionero, mi primer empleo, Atahualpa Yupanqui, ¡libertad a Siqueiros!, las Cataratas del Iguazú y la Quebrada de Humahuaca, la Escuela de Bellas Artes, y Cosquín viéndome llegar todos los años para emborracharme de música y guitarras, y mis hijos, y el Quinteto Tiempo dando sus primeros pasos.

   Y ya todo se viene de golpe ( lo recuerdo casi como si fuera un sueño, o una película), porque vienen los escenarios y la gente, Los Chalchaleros, Mercedes Sosa, Cosquín desde adentro, y los milicos, Zitarrosa escribiendo Adagio en mi país, y los viajes: Chile, Finlandia, Alemania, El Salvador y la cara más brutal de la miseria. Y la gente (siempre la gente), Guatemala, Costa Rica, Colombia, América y mi asombro. El río está llamando, Te recuerdo Amanda, y también la oscuridad, el miedo, y nuestros muertos, las Madres de Plaza de Mayo, la canción clandestina, la censura, los milicos.
Lo demás es reciente. La vuelta a las calles y la rueda que sigue girando.
Un lugar en el primer mundo (eso decían). Larga batalla contra la impunidad. Laura y Lucía (mis hijas). Y el Quinteto "firme como rulo de estatua".
Y las mismas ganas siempre.
Y siempre la gente.

Desde aquel chico que escuchaba el Glostora Tango Club en un pequeño pueblo como hay tantos hasta este hombre de hoy, solo hay la distancia que da el tiempo (y alguno que otro golpe) porque siguen vivos en mi el asombro, los deseos de andar, el amor al campo, el barrio, mis muertos, la alegría de cantar.

   Y las mismas ganas de siempre.

Eduardo Molina
eduardo@quintetotiempo.com.ar