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Dueños del escenario, sin necesidad de mayores artificios

Revista D D Cultura, Semanario de Prensa Libre Nº 12

2004/09/26, 26 de setiembre de 2004

El Quinteto Tiempo
Dueños del escenario, sin necesidad de mayores artificios.

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

Haciéndole honor a su nombre, hace tiempo que ha logrado convertir al tiempo en su aliado... y, una vez más, se ha presentado en Guatemala con toda la reciedumbre de su arte: el Quinteto Tiempo.

Con una serenidad que sólo puede ser el producto de muchos años de dedicación, pero al mismo tiempo con un talento y un espíritu que desafía su paso, estos cinco caballeros se plantaron la tarde del viernes 10 en medio del auditorio del Conservatorio Nacional de Música, provistos de unas armas que sólo causan daño y asustan a los pusilánimes y a los estrechos de corazón -el canto y la poesía de Latinoamérica.

Dueños del escenario sin necesidad de mayores artificios, han vuelto a blandir guitarras y bombos, además de alzar su distintiva combinación de voces, en ocasión de celebrar el vigésimo aniversario del Grupo de Apoyo Mutuo.

Pero no es preciso que me dedique a ensalzar poéticamente a los integrantes de tan legendario grupo, identificado desde varias décadas atrás con la expresión musical andina y con la canción que se da en llamar "comprometida".

Tampoco reviste mayor provecho que me entretenga en pormenorizar detalles técnicos de su actuación o en reseñar el repertorio que brindan en sus recitales, de sobra conocido por el público. Más al caso viene que consideremos el hecho social del concierto que dieron el otro día en el conservatorio.

De entrada, qué bueno que la presentación haya tenido lugar sin costo de admisión, en un espacio amplio al que concurre toda suerte de personas, sin elitismos ni sectarismos, sin intimidaciones, sin supuestos operativos de seguridad, sin mediatizar el evento.

Qué bueno que el auditorio se haya colmado de gente, que conocía y coreaba y aplaudía cada número con alegría y exaltación, pero que igual compareció y se retiró tranquilamente, sin desorden, sin coacción, sin represión. Qué bueno, en fin, que el Quinteto Tiempo cantó y sonó para quienes quisieron escucharlo, no sólo para quienes podían darse el lujo de asistir a un espectáculo caro y excluyente.

Es un hecho que podrá irritar a muchos por ahí, pero es verdad. A nuestro país acuden artistas del extranjero como exponentes del canto nuevo, de la trova, de la canción revolucionaria, de la música popular con mensaje... pero sólo se aparecen si es en un hotel suntuoso, o en un bar de la Zona Viva, o en un teatro a precios inasequibles. Otro punto a favor del Quinteto Tiempo, aparte del bien merecido cariño que le guardamos.

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