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Tempranas influencias

Camilo Díaz

2006/05/28, 28 de mayo de 2006

Animados por nuestra primera presentación en el colegio la Asunción, los miembros del grupo Voces Nuevas combinábamos nuestras obligaciones académicas de la universidad, con el trabajo demandante de los ensayos. Quisimos así darle seriedad a esta aventura artística. Esto significó el sacrificio de nuestro tiempo libre, - fiestas, deporte, visitas a las novias - por largas noches de ensayos y sesiones de trabajo en busca de nuevos temas, nuevos arreglos y armonías. Sesiones que frecuentemente nos llevaban hasta la madrugada.

Un ingrediente vital en nuestra motivación por formar el grupo fue sin duda la llegada del Quinteto Tiempo a Guatemala. El Quinteto se presentó por primera vez en Guatemala en el auditorio de la Asociación de Periodistas de Guatemala APG, una noche a finales de 1976. Los futuros miembros de grupo Voces Nuevas, a quienes nos unía ya una gran amistad, asistimos esa noche.

Los números variaban desde cantos anónimos del folklore argentino, poemas y versos musicalizados por conocidos cantautores latinoamericanos - Armando Tejada Gómez, Cesar Isella, Daniel Toro y otros - hasta temas de ferviente contenido político, que hacían vibrar aquellos colmados auditorios.

El impacto fue inmediato. La complejidad de los arreglos vocales, la calidad de sus voces y las armonías nos causaron asombro. Muchos de las interpretaciones del Quinteto eran a capella, con arreglos ricos en detalle y movimiento que sugerían un barroco popular. Fina alfarería de Carlos Groisman, el arreglista y director artístico del grupo.

Las cinco voces cubrían extensos matices corales, desde el gentil barítono de Alejandro Jáuregui, hasta el alto intenso - diríjase soprano - de Santiago Suárez. Antojos operáticos de la canción popular. Rodolfo Larumbe, de tono suave y melancólico, a menudo llevaba la primera voz, mientras Eduardo Molina y Ariel Gravano se alternaban entre contratiempos y sincopadas intervenciones para culminar en la confluencia exacta de las cinco voces, el estallido final, que llenaba plenamente todo espectro musical imaginable. Pienso en la Pasión de San Mateo.

El Quinteto Tiempo fue sin duda un punto de partida para aquellos adolescentes que se inspiraron en el folklore sudamericano para descubrir su propia expresión musical. A más de 3 décadas de aquellas fecundas giras del Quinteto por Centroamérica, he sabido que, con sus cabellos ya encanecidos pero sus voces intactas, ese grupo tan querido sigue regando zambas doradas de siempre con mustias milongas de casamiento e infinitas chayas de soledad.

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