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Digo la mazamorra (letra)

Digo la mazamorra


Letra
: Antonio Esteban Aguero
Música: Peteco Carabajal
Arreglo: Carlos Groisman

La mazamorra, sabes, es el pan de los pobres
y leche de las madres con los senos vacíos.
Yo le beso las manos al Inca Viracocha
porque inventó el maíz y enseñó su cultivo.

En una artesa viene para unir la familia
saludada por viejos, festejada por niños.
Allí donde las cabras remontan en silencio
y el hambre es una nube con las alas de trigo.

Todo es hermoso en ella: la mazorca madura
que desgranan en noches de vientos campesinos;
el mortero y la moza con trenzas sobre el hombro,
que entre los granos mezcla rubores y suspiros.

Si la quieres perfecta, busca un cuenco de barro
y espésala con leves ademanes prolijos
del mecedor cortado de una rama de higuera,
que a la siesta da sombra, benteveos e higos.

Y agrégale una pizca de ceniza de jume, 
la planta que resume los desiertos salinos 
y deja que la llama le transmita su fuerza 
hasta que adquiera un tinte levemente ambarino.



Cuando la comes, sientes que el pueblo te acompaña
a lo largo de valles o recodos de ríos.
Entre las grandes rocas, debajo de cardones
que arañan con espinas el cristal del estío.

El pueblo te acompaña cada vez que la comes.
Llega a tu lado, sabes. Se te pone al oído
Y te susurra voces que suben a tu sangre
Para romper la niebla del mortal egoísmo.

Porque eres uno y todos. Comiendo el alimento de todos
en la fiesta del almuerzo tranquilo.
La mazamorra dulce que es el pan de los pobres
y leche de las madres con los senos vacíos

Cuando la comes, sientes que la tierra es tu madre, 
más que la anciana triste que espera en el camino
tu regreso del campo. Es madre de tu madre,
su rostro es una piedra trabajada por siglos.

Hay ciudades que ignoran su gusto americano
y muchos ya no saben su sabor argentino,
pero ella será siempre lo que fue para el Inca:
nodriza de los pobres en el páramo andino.

La noche que fusilen poetas y cantores,
por haber traicionado, por haber corrompido,
La música y el polen, los pájaros y el fuego,
tal vez a mí me salven estos versos que digo.

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