Ir a la página inicial Santiago Suárez


Santiago Suárez en la Casa de los Mejía Godoy, Managua, Nicaragua, abril de 2003. Foto Wilmor LópezRecuerdo el bandoneón del ñato Longarello, las guitarras de Luis Denis, mi tío Carlos Luna, don Morán que bordoneaba como sólo el sabia hacerlo, la armónica de Luciano, el bandolín del negro Morales, la voz tenorina de Saavedra, el alma pura del negro Marino, queriendo meter tonos con sus gigantescas y adormecidas manos, en aquella guitarra que le había regalado mi abuelo Mario. Allí en la 12 y 39, el boliche de mi abuelo juntaba un aroma musical, a veces se prendía mi padre, el que más me emocionaba, el mejor, cantando tangos inolvidables. En aquel lugar es donde me nació este torrente de amor por las cosas
nuestras. Los veía con mis pequeños cuatros años, a esos gigantes de la música.

   Un boliche, parroquianos, casi toda gente de campo, de trabajo por tanto, de rudo cuero y corazón blando, que los hacía más queribles a mis queridos parroquianos. Gente que "chupaba por gusto" o para alejar amarguras de la vida, para olvidar tanta miseria o masticar alguna bronca con el patrón.
   Y allí todos estábamos extasiados por el hecho más hermoso que la vida regalaba: LA MUSICA, sintiendo la misma vibración, la de las notas, la del canto, el mensaje. El clima era de fiesta, de alegría: — Don Mario, sirva otra vuelta. Y así se sucedían las horas, hermanados por nuestro canto.
   El tiempo me fue creciendo y en adolescente encuentro con un amigo, el “loco” Acuña, me invita a pasarla bien en el Centro Tradicionalista Ciudad de Mercedes, calle 17 y 28. Fluían zambas y chacareras, algunos poemas recitados por el "alma mater" de esa casa: Argentino Valenzuela. Conocí nuevos amigos, gente como la gente: don Luis Castro y familia, los Valenzuela, Cholo y Tito Sanguineti, el Quirquincho Chávez, que nos deleitaba con sus cuentos y dichos cordobeses, el petiso Barboza, su sonrisa vuelve por mi mente, el Bocha Retegui con su chispa, Perico Laplaca v su vozarrón. Tantos más. Y ya me adentré a ese elenco para cantar todos los sábados, era mi casa musical, donde se reafirmaron los contenidos artísticos e ideológicos. Así se ensanchó esta huella, la de la defensa de "nuestras cosas", bebiéndonos las canciones de los consagrados: Los Fronterizos, El Cuchi Leguizamón, Los Chalcha, El Chango Nieto, Los Huanca Hua, Las Voces Blancas con Melania Pérez, Víctor Heredia y una interminable lista de artistas que elevaron como nunca su genio creativo para darle vuelo al sentir de nuestro pueblo.
   Mientras nos llegaban tantas propuestas, por radio, TV. Y discos, nosotros los mercedinos, con las nuestras, en este infierno grande, como dice el dicho, que nos permite encontrarnos todos los días , fortuna que brinda un pueblo chico. Pulsamos la guitarra con Juan Carlos, Ornar o Hugo Díaz, tratando con respeto y delicadeza nuestras canciones, o si se quiere con Alberto Delpopolo, el porteño Páez y Mario Ceceo, buscando imitar a los Fronte que va hacían cuatro voces, todo un descubrimiento.

   La vida nos lleva a percibir olores, colores y sonidos de tiempos lejanos, más un llamado genético cancionero, es que ella no pasa por el costado sino que nos declara protagonistas para los tiempos sin tiempo. Aquí en este amado Pueblo Verde, con alegrías y sinsabores, pero bien nuestro, (cre-
ciendo a los tropiezos, lentamente como tantos otros del interior y nosotros adentro, armando recuerdos, hermosos recuerdos, siempre con la música y esta huella, canto fundamental que nos fraguaron nuestros abuelos.

En 1973 ingresé al Quinteto Tiempo.
   DESDE ENTONCES Y POR SIEMPRE, LA MUSICA VA CONMIGO

Santiago Suárez
santiago@quintetotiempo.com.ar